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Y yo ¿tendré esperanza?

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Y yo ¿tendré esperanza?

El alimento había escaseado, la falta de trabajo comenzaba a levantar incertidumbre entre las familias y no había esperanzas de que pudiera levantarse cosecha alguna. Ante tal situación la familia tuvo que tomar una decisión el rumbo de sus vidas de manera drástica.
Elimelec y Nohemí fueron orillados a dejar Belén y viajar a tierras desconocidas de Moab en búsqueda de alimento y nuevas oportunidades, era necesario luchar contra la hambruna. No había pasado mucho tiempo y apenas comenzaban a adaptarse al nuevo ritmo de vida cuando la desgracia tocó nuevamente a las puertas del hogar, Elimelec murió y ahora Nohemí debería enfrentar en tierras lejanas y desconocidas junto con sus dos hijos la hambruna.

Únicamente la fe en Dios, la valentía y el optimismo podrían ayudar a Nohemí a salir adelante ante tal adversidad, la esperanza de poder tener descendencia se veía ahora reanimada con el casamiento de sus dos hijos, Mahlón y Quelión los cuales habían encontrado una compañera de entre las mujeres de Moab, sus nombres Orfa y Rut.

Indudablemente la alegría volvía a la casa, las ilusiones y la esperanza de un futuro mejor alentaban a Nohemí a seguir luchando.

Pero inesperadamente la triste noticia llegó nuevamente a la casa de Nohemí, el día menos esperado y con profundo dolor en su corazón fue notificada de la muerte de sus dos hijos ¿habrá dolor más profundo para una madre que ver morir a sus dos hijos? Creo que no.

Hagamos un alto en la historia y analicemos un poco la situación real en la que Nohemí se encontraba:

  • Vivía en un lugar extraño, extranjero para ser precisos.
  • Se encontraba lejos de sus parientes y amigos.
  • Era viuda.
  • Sus hijos habían muerto.
  • No tenía descendientes (recuerden que esto era desastroso en los tiempos bíblicos)
  • No tenía casa propia.
  • Su actual familia estaba compuesta por tres mujeres viudas, incluyéndola a ella.
  • Era una mujer que ya había avanzado en edad, por lo tanto no tenía las mismas fuerzas y energía de una mujer joven.
  • Usando sus mismas palabras “Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías” (Rut 1:21).
  • Pocas o nulas esperanzas de poder ser redimida.

¿Acaso no son razones suficientes para caer en la desesperanza, depresión y temor?, ¿tendría algún sentido seguir luchando?, ¿valdría la pena volver a empezar?
Si nos detenemos con cuidado a analizar la realidad de Nohemí, más de una lo abandonaría todo, más de una lucharía por mantener viva su fe, más de una lo dejaríamos todo, sin embargo nada detuvo a Nohemí para seguir adelante, no hubo razón poderosa que la inmovilizara a seguir luchando. Si una vez había salido de su zona de comodidad al seguir a su esposo en búsqueda de una mejor oportunidad para su familia ¿por qué no seguir luchando nuevamente?
Mi admiración profunda para Nohemí, porque con determinación, decisión y valor dejó Moab y emprendió el camino de regreso a Belén con las manos vacías. Quiso desanimar a sus nueras a que la siguieran pues consideraba que no tenía ningún sentido que ellas también fueran a Belén, además ella no podría tener más hijos y aunque así fuese les preguntó “¿habías vosotras de esperarlos hasta que fuesen grandes?, ¿habías de quedaros sin casar por amor a ellos?, ¡claro que no!” (Rut 1:13), además no tenían ningún lazo familiar en Belén, entonces ¿cuál sería la razón para que regresaran con ella? Ninguno.

A pesar de los llantos de ellas, Nohemí insistió y Orfa dándole un beso se despide de ella y regresa, pero no así Rut, ella estaba resuelta a ir con Nohemí, conocer a ese Dios al que su suegra adoraba, resuelta a no dejarla sola, resuelta a estar en las buenas y en las malas a sabiendas que había pocas esperanzas de prosperidad, “y viendo Nohemí que estaba resuelta a ir con ella no dijo más” (Rut 1:18) y juntas emprendieron el viaje de la fe.

Generalmente se ha admirado más a Rut por esa personalidad tan resuelta y valiente porque realmente como mujeres y nueras tenemos mucho que aprender de esa personalidad, pocas nueras como Rut, no en vano el libro lleva su nombre indudablemente es una mujer digna de admirar.

Pero quisiera atraer tu atención a la personalidad de Nohemí y que juntas hagamos un paralelismo con nuestro propio llamado como esposa de pastor.
Te comparto algunas similitudes que he encontrado, quizás tú puedas enriquecer esta lista.
Hemos sido llamadas a vivir en lugares extranjeros, lejos de nuestras familias y parentela, lo hemos hecho por fe.
Dios tiene un propósito divino al hacernos pasar por luchas, pruebas amargas, soledad y tristeza. Aférrate a Él.
Es necesario dejar nuestra zona de comodidad para abrir una oportunidad al plan divino para nuestras vidas y familias. No dudes nunca del plan de Dios.

Siempre habrá una persona asignada por Dios para acompañarnos, escucharnos, darnos valor y fortaleza en los momentos más difíciles. Dobla tus rodillas y clama a Él por esa persona.
Es necesario dejarnos conducir cotidianamente por la voz del Espíritu Santo para decir las palabras oportunas, en el momento oportuno y a la persona indicada. Qué hubiera sido de Rut con un mal consejo.
La fe SIEMPRE es recompensada. No dudes de la voluntad de Dios indistintamente por la situación por la que estés atravesando, sus promesas son reales.
En tan sólo cuatro capítulos del libro de Rut podemos ver la mano poderosa de Dios actuando en favor de los que le aman y confían en Él.
Finalmente y después de meses y años de angustias y zozobras, dudas y tristezas, Nohemí es redimida, Rut la Moabita es desposada y entonces las mujeres de Belén exclamaron “Loado sea Jehová” una exclamación que reconoce en plenitud la bondad y misericordia de Dios al otorgarle un descendiente el cuál “restauraría el alma de Nohemí y la sustentaría en la vejez” ¡qué recompensa! Ese es nuestro Dios.

Te animo para que continúes confiando en Dios, el cual es nuestra única roca firme en quien podemos confiar y ten la seguridad que al paso del tiempo no sólo tú alabarás a Dios por sus bendiciones, sino que también aquellos que están a tu alrededor exclamarán contigo “Loado sea Jehová”.
Permitamos que Dios intervenga cotidianamente en nuestras vidas, al hacerlo el final será diferente a lo que imaginaste. Confía en Él.

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Sara López de Gómez

Acerca del autor

Sara López de Gómez (Asociación de Sonora)

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