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Puedes Caminar Seguro

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Puedes Caminar Seguro

“Fíate de Jehová de todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia, reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3: 5, 6).

Muchos sermones y lecturas habían impresionado mi mente de tal forma que yo estaba segura que en un futuro llegaría a mi vida un momento o etapa decisiva para la eternidad. Por algunos años, a menudo me pregunté: ¿Qué haría yo llegado ése momento? ¿Tomaría el camino correcto? El pensar que podía perder la vida eterna me angustiaba, y elevando mi alma al único que conoce el futuro tratando de encontrar una respuesta. Durante ese tiempo viví atemorizada.

Una tarde, salimos mi esposo, nuestros dos hijitos, de 4 y 5 años, y yo de paseo al río. Aunque ya habíamos ido en otras ocasiones al mismo lugar no lo conocía del todo. Terminando de comer invité a los niños a caminar pues mi esposo decidió leer un poco. Los tomé de la mano y caminamos río abajo dentro de él. Era un lugar bellísimo, parecía que un arquitecto vino especialmente a colocar las piedras sobre las que ahora caminábamos, el agua que llegaba apenas a mis tobillos era cristalina. Llamó la atención de los niños unos pececitos que estaban cerca; luego de observarlos detenidamente decidí que era tiempo de continuar el viaje, yo observaba maravillada por donde caminaba, cuando al levantar la mirada noté que caminábamos hacia mi esposo que estaba en dirección opuesta a la meta que me había fijado la cuál era un tronco blanco ubicado no muy lejos. No le di importancia porque seguramente mientras observábamos los peces sin darme cuenta perdí el sentido de la orientación, dimos media vuelta y proseguimos el viaje. Luego levantando otra vez la vista, no sé porqué, de nuevo caminábamos rumbo a mi esposo, me molestó mi incongruencia y con una determinación acentuada nos dirigimos hacia el tronco blanco. De nuevo nos entretuvimos con unas piedras que sobresalían al agua, mientras tomaba a los niños de la mano subían a ellas y brincaban al agua, estaban fascinados y yo disfrutaba su alegría, entonces decidí que era suficiente y nos dispusimos a continuar el viaje; caminamos unos pasos y sin saber cómo, nos encontrábamos fuera del río, no pasaba todavía mi desconcierto y apenas iba a empezar nuevamente a molestarme cuando vi que a unos pasos, según mis planes, había de pasar por un hoyo hondo al cual no se le veía el fondo. Las piernas no me pudieron sostener más y tuve que sentarme pues me llené de pavor al pensar en lo que pudo suceder; al tomar un poco de aliento llamé a los niños que habían seguido en la exploración ahora fuera del río y regresamos por el mismo camino hacia mi esposo.

Mientras caminábamos todavía por el agua vino a mi mente la pregunta que por tanto tiempo me perturbó y entendí que ahora Dios me estaba respondiendo. La paz y el gozo llenaron mi alma y agradecí a Dios todo su cuidado. Desde entonces camino con seguridad, puedo ser yo misma sin temor, pues aunque me equivoque el Señor enderezará mis pasos y en él confío.

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Evangelina Palomares de Campoy

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Evangelina Palomares de Campoy

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