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Iniciativa de servicio

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Iniciativa de servicio

“Todo lo que hagan, háganlo como para Dios y no para los hombres”. Colosenses 3:23,24.

La palabra iniciativa es acción de atender algo necesario antes que me lo pidan. Es ofrecer mi talento, ofrecer mi servicio a quien más lo necesita. Es adelantarme a realizar una tarea que requiera hacerse y ser terminada. Es realizar una sencilla o pesada labor con la certeza en mi mente de que la ofrendo a mi padre Dios y que de él vendrá la recompensa. Dado que la naturaleza del servicio a Dios es precisamente una iniciativa, una respuesta de amor, es crucial hacerlo de todo corazón para él y no para los hombres.
Como madres, o como cualquier persona ocupada al finalizar un día cansado, en esas noches cuando el deber diario no ha terminado, nos encantaría que alguien nos dijera ¿te ayudo? Que alguien se uniera a apoyarte en una tarea.

¡Que tuvieran algo de iniciativa! Probablemente le decimos a nuestros hijos frases como: ¡arregla tu cuarto! ¡levante ese plato! Y nos gustaría que lo hicieran por sí mismo, sin tener que pedirlo. ¿Cómo enseñarles iniciativa? Mejor aún ¿cómo se aprende? Es posible que la iniciativa de esas cosas que se enseñan en silencio, bajo la observación y el ejemplo. Permíteme contarte cómo Dios plantó en mi corazón la importancia de la iniciativa y sus respectivas bendiciones.

Cuando llegué a este país para estudiar, no sabía cómo lograría sostenerme para sufragar los gastos requeridos para la universidad. Clamé a Dios y me propuse trabajar al máximo en lo que fuera. Comencé a trabajar en la oficinas de la vicerrectoría estudiantil, lugar donde jamás pensé empezar, pero fue allí donde Dios me llevó a servir. Comencé realizando las tareas que me indicaron, pero con el pasar de los días observé más necesidades en el trabajo y pregunté si podía ayudar. El deseo de servir y el ayudar lo disfruté bastante aunque algunas veces era fuera de horario. En verdad que lo hice con gusto. Pasaron los meses y el porcentaje de beca que era provisional, se extendió y siguió y siguió. Dios me permitió continuar estudiando y viendo sus bendiciones al darme sustento.

Aunque nadie me decía “gracias”, “qué bien haces tu trabajo”, la bendición la noté al final del curso cuando me solicitaron para continuar en ese puesto. Así continué sirviendo en esa oficina algunos años de estudiante. “Te vamos a seguir apoyando” fue la agradable melodía. Comprendí que cualquier trabajo, sea duro o sencillo requiere hacerse bien, pensando que es a Dios a quien agradamos por encima de todo y que de él viene la recompensa.

“Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo. Conscientes de que el Señor los recompensará con la herencia. Ustedes sirven a Cristo el Señor.”

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Margarita Calixto de Mendoza

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Margarita Calixto de Mendoza

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