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Fragancia que perdura

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Fragancia que perdura

“Sin embargo, gracias a Dios que en Cristo siempre nos lleva triunfantes y, por medio de nosotros, esparce por todas partes la fragancia de su conocimiento. Porque para Dios nosotros somos el aroma de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden” (2 Corintios 2:14-15).

Sin duda has sentido la hermosa sensación de entrar a un lugar recientemente aseado, limpio, y oloroso. Lo más probable es que quisieras quedarte allí y relajadamente disfrutar unas horas leyendo, oyendo música o platicando con alguien. Realmente es grato y cómodo estar en un lugar así. También es muy grato encontrarte con personas que esparcen un aroma agradable. Me imagino que tienes una fragancia favorita, que no la cambiarías por otra. ¿Cuál es?… ¿dónde la consigues?… ¿a qué precio? Casi estoy segura que no aceptarías imitaciones, sino que haces lo imposible por conseguir la fragancia original. Seguramente a más de una persona le gusta el aroma que usas, pero también estoy segura que habrá otras a quienes no les agrade mucho.

Cuando leo el texto escogido para esta meditación, pienso en muchas de las fragancias que usamos para sentirnos bien, para hacer sentir bien a las personas con quienes nos relacionamos, o tal vez para impresionar a nuestros amados.

Las fragancias se usan externamente, no pueden ser ingeridas, no puedes darte el lujo de tomarte el perfume pensando que así el aroma durará más tiempo. Normalmente, si la fragancia tiene un buen porcentaje de perfume su aroma durará más.

Es interesante notar que el texto bíblico señala una clase de fragancia que no se encuentra en el mercado. Esta fragancia tiene una característica que la hace única, no la puedes usar externamente, aunque será evidente si eres portadora de ella, porque en primer lugar debe ser interiorizada, debe formar parte de ti. Pero esta fragancia no te la aplicas tu misma, Dios la aplica en tu ser. Una frase del texto declara: “en Cristo … y, por medio de nosotros, esparce por todas partes la fragancia de su conocimiento”. ¡Qué privilegio! ¡Ser instrumentos de Dios para esparcir el olor de su conocimiento!
Nuestro Padre Celestial, en su gracia nos ha escogido a ti y a mí para esparcir el aroma de Cristo. Naturalmente, espera una completa disposición de parte nuestra, recordando que: “El Espíritu Santo imparte su aliento a los que humildemente confían en Cristo como el autor y el consumador de la fe, para que los frutos que produzcan sean para vida eterna. Habrá fragancia en su influencia, y el nombre de Jesús será música en los oídos, y melodía en su corazón” (Recibiréis Poder, 1º. de Marzo).

La fragancia de Cristo es “perdurable” porque traerá frutos para vida eterna. Tu privilegio y el mío es permitir que Cristo Jesús permanezca en nuestro corazón, a fin de que por dondequiera que andemos dejemos los corazones impregnados de la fragancia de su amor, a través de palabras bondadosas y acciones que correspondan al carácter amoroso de Cristo nuestro Señor. Al respecto, Elena G. de White declara: “¡Oh, cuánto necesitamos conocer a Jesús y a nuestro Padre celestial para poder representarlo en carácter!” (Maravillosa Gracia, p. 229). Te invito a permitir que Dios te impregne de la fragancia de Cristo, para que esparzas por todas partes el aroma de su conocimiento.
Dios te bendiga, amiga y colega en el ministerio.

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Acerca del autor

Natalia Castro de Espinosa

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