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En honor a su memoria

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En honor a su memoria

DRAMA: “EN HONOR A SU MEMORIA”

Autor: Desconocido

PROPÓSITO DEL PROGRAMA: Ayudar al joven a honrar a nuestras madres en su día especial y mostrarles cuanto las amamos.
PLANES PARA EL PROGRAMA: Envía invitaciones especiales a cada madre para que asista a este programa. Algunas semanas antes de la fecha, escribe a varios hijos de madres de tu iglesia que estén en otro lugar, pidiéndoles que graben un corto mensaje en video para ellas. Esta puede ser una parte muy emotiva y hermosa para finalizar tu programa o para usarla durante una cena especial dedicada a las madres.

INTRODUCCIÓN: Nuestro programa del día de hoy está dedicado a las madres de nuestra iglesia. En el libro de Gálatas en el capítulo 5 y versículo 22 y 23, la palabra de Dios nos dice lo siguiente:
Pero cuando el Espíritu Santo rige nuestras vidas, produce en nosotros amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza. Y en nada de esto entramos en conflicto con la ley judía.”
Este pasaje bíblico tiene una lista de los frutos del Espíritu, que son las características de los que son hijos de Dios. Esos atributos parecen especialmente apropiados para las madres cristianas. Por eso hoy, deseamos rendirles homenaje y decirles cuánto apreciamos su amor, gozo y disposición pacifica. La paciencia que han tenido con nosotros, su bondad, fe, mansedumbre y la vida equilibrada y amante.
Para una madre cristiana la recompensa es el gozo de ver a sus hijos haciendo la voluntad de Dios. Cuando ella esté sobre el mar de vidrio, Jesús le dará una corona de oro, llena de estrellas, que no son otra cosa que los hijos a quienes ha educado en la verdad.
DRAMA
Personajes:

  • Madre
  • María, hija (17 años)
  • Martha, hija (16 años)
  • Esther, hija (15 años)

ESCENA 1

(Aparecen las tres hijas y la madre reunidas en la sala. Una de ellas, María está bien vestida y preparada para salir, las otras sentadas cerca de la madre)
MARÍA: Es inútil mamá, no trates de convencerme porque no lo lograrás. Quizá tengas razón, pero soy demasiado joven y no estoy dispuesta a sacrificarme por una religión que no perdona ni el más leve pecadito, es decir que no deja participar en todas estas diversiones que ahora puedo disfrutar.
MADRE: Hija mía, no sabes cuánto me apena oírte hablar así. Y yo esperaba este día con tanta alegría porque creo que tal vez, siendo tu cumpleaños, tratarías de hacer buenas resoluciones…….
MARÍA: ¡Pues… te has equivocado!
MARTHA: María, creo que eres muy dura y muy injusta. Me parece que si mamá quisiera… ¡Podría obligarte a ir con nosotros al templo! Pero, ya ves… no lo hace. Sin embargo, ¡tú te complaces en mortificarla!
ESTHER: Es cierto, María… Martha tiene razón. ¡Estás insoportable! Es más… ¡no sé qué haría yo si fuese tu madre!
MARÍA: ¡Chica, me alegro que no lo seas! Ella es más tolerante. Pero…. ¿saben qué? No quiero que se preocupen tanto por mí… Hasta la fecha, han estado ustedes muy acompañaditas, sigan estándolo sin mí y… ¡Déjenme gozar de la vida!
MADRE: ¿Crees que me conformaré con eso? Escúchame hija…. Yo estoy envejeciendo y no sé cuánto tiempo más estaré con ustedes. Mi pena más grande sería dejarlas sin el amparo y cuidado de Dios. Quiero tener esa seguridad. Porque en cuanto a Esther y a Martha, ya lo estoy, pero faltas tú, María.
MARÍA: (Abrazándola) ¡Ay, mami! No te pongas triste. Todavía estás muy joven para morirte. Tengo la esperanza de verte bien viejita con el pelo blanco. Te prometo ser obediente de ahora en adelante… Pero por esta noche…. ¡Déjame celebrar mi cumpleaños con mis amigas! (Pausa. La mira por un momento) ¿Sabes mamá? Creo que estás exagerando la nota. ¡No estamos en el siglo pasado!
MADRE: Ojalá no te decidas tarde, hija…
MARÍA: No mamá… Ya verás… Y ahora, adiós. Se me está haciendo tarde. (Mirándolas a todas con sarcasmo) ¡Pero cómo! ¿No me desean que pase un buen rato? ¡Hasta pronto! (Sale)
MADRE: No sé por qué me he puesto triste al ver salir a María. ¡Pobre hija mía!
ESTHER: No te pongas triste, mamá. Ya verás que todo cambiará y María entenderá que lo único que tú deseas es que ella sea feliz… Con tanta fiesta y trasnochadas, nada bueno sacará. No te preocupes, mamá. Ya se cansará de todo eso.
MARTHA: Así es, mamá (Mirando el reloj) ¡Se nos está haciendo tarde! No puedo llegar tarde a la iglesia. Es que tengo parte en la Sociedad de Jóvenes y Ricardo, el director, no me lo perdonaría. (Mirando a su hermana) Tú conoces a Ricardo.
ESTHER: Si, lo conozco…
MADRE: Vamos, vamos. Ah, no olviden orar por María en el grupo de oración.
LAS DOS: No te preocupes, mamá. Por supuesto que lo haremos.
MADRE: Vamos entonces. (Intenta ponerse de pie, pero vuelve a sentarse, como que le duele algo)
ESTHER: ¿Qué tienes mamá?
MARTHA: ¿Qué te pasa?
MADRE: Nada… Es decir, casi nada. Fue… sólo un mareo… Ya estoy bien…
MARTHA: ¡Déjame traerte el chal! Conviene que te abrigues, la noche está un poco fresca, mamá.
ESTHER: Si, anda y tráelo. (Lo hace y aparece enseguida con él)
MARTHA: Yo conduciré. Vámonos.

ESCENA 2

(El mismo escenario. María estará sentada en un sillón muy triste)
ESTHER: (Entrando) Pero María… No puedes permanecer siempre así. Acabarás por enfermarte. No tienes razón para estar de ese modo.
MARÍA: (Llorosa) ¿Qué no tengo razón? ¿De modo que piensas que no tengo más razón que ustedes para llorar la muerte de mamá?
ESTHER: ¡Era tan buena! Siento su ausencia tanto como tú, pero por ello no voy a desesperarme hasta enfermar. ¿Cómo podríamos entonces, atender la casa? Además, debemos confiar en Dios. Él es el único que puede consolarnos.
MARÍA: ¿Pero es que no te das cuenta? ¡Mi caso es diferente! Sabes bien que durante mucho tiempo no quise hacerle caso a mamá en lo que me decía. Prefería ir a fiestas, emborracharme y llegar tarde todos los fines de semana. (Con sarcasmo) ¡Quería divertirme! ¡Gozar de la vida! Yo, como muchos otros jóvenes, pensaba que lo que mamá me decía era una molestia. Que no me entendía. Que le encantaba meterse en mis cosas. Y aquella noche también le desobedecí. ¡Nunca pensé que sería la última vez que la vería con vida! (Le toma la mano a su hermana Esther, con desesperación) ¿Es que no entiendes, que jamás podré olvidar aquella noche? ¡Jamás podré olvidar su mirada de amor y súplica! ¡El remordimiento me seguirá para siempre! Oh, Esther me siento mal. (Rompe a llorar con desesperación).
ESTHER: (Llamando a su hermana) ¡Martha, Martha!
MARTHA: (Entrando por un costado de la plataforma) ¿Qué sucede? (Viendo a María que llora se arrodilla a su lado, tomando sus manos) Pero María… ¿otra vez llorando? Piensa en nosotras, ¿no ves que nos haces sufrir más aún?
MARÍA: (Secándose las lágrimas con un pañuelo, que le extiende Esther) Quisiera poder dominarme, pero no puedo. Basta cualquier detalle por insignificante que parezca, para que me recuerde a mamá y yo vuelva a esta espantosa realidad…
MARTHA: Escúchame… Si sigues pensando de esa manera, terminarás creyendo que fuiste tú quien causó la muerte de mamá. Mira. ¡Tengo una idea que nos hará bien a todas! Ve a tu cuarto, ponte tu mejor vestido y acompañamos a la iglesia, porque esta noche hay un programa especial muy lindo dedicado a las madres.
MARÍA: Vayan ustedes… ¡Yo no podría ir! Allá todo me la hará recordar: las oraciones, los himnos, las lecturas bíblicas… ¡todo!
MARTHA: No te quedes María. Ir con nosotras a la iglesia te dará el consuelo que necesitas en este momento. Además será lindo recordarla. Será… ¡como si por un momento estuviera a nuestro lado! No olvides que la Biblia dice que los que creemos en las promesas de Dios, volveremos a ver a nuestros amados que murieron.
MARÍA: ¿Pero cómo tendré la seguridad de que yo la veré?
ESTHER: No creo que te hayas olvidado de las enseñanzas que te inculcó mamá….
MARÍA: No sé… prometo acompañarles en otra ocasión, pero esta noche no….
MARTHA: ¿Sabes? La mejor manera de honrar a mamá en este su día, es creyendo en Jesús como tu Salvador. ¡Eso era lo que más deseaba mamá para tu vida!
ESTHER: Así es, María. Cuando mamá murió, su último deseo fue que te encontraras con el Señor. Y murió confiando en ello. ¿Por qué no tratas de hacerlo esta misma noche y le regalas el presente más lindo que ella pudiera tener? ¿Es que no crees en Dios?
MARÍA: Si, quiero darle todo mi corazón. Quiero confiar en Él para recibir ese consuelo y resignación que tienen ustedes. ¿Creen que podré hacerlo esta noche?
MARTHA: ¡Por supuesto que sí, María! En este mismo momento, si así lo deseas. ¡Será la mejor manera de honrar la memoria de nuestra madre!
MARÍA: Está bien, voy con ustedes. (Pausa, como con el rostro iluminado) ¿Saben qué? ¡Ya me siento diferente! Siento la alegría que trae la esperanza de volver a verla, algún día. (Toma en sus manos una fotografía de su madre que está en una mesita). Querida mamá, sé que te hice sufrir mucho con mi comportamiento terco y que no hice caso de todos los buenos consejos que me diste en la vida. Pero frente a mis hermanas y a Dios, quiero prometerte que, aunque no puedo verte por el momento, de ahora en adelante mi vida será transformada… para llegar a ese día hermoso cuando Jesús en persona te devuelva a mis brazos. ¡Viviré para ese momento! ¡Feliz día mamá! (Las tres hermanas se abrazan y permanecen quietas por unos segundos. Después juntas abandonan la escena)
CONCLUSIÓN: En esta parte de la historia puedes tener los videos con los saludos para el día de las madres que aparecen en planes para el programa con buen ánimo y alegría. Tal vez en tu iglesia haya un grupo musical de jóvenes que podrán cantar himnos alusivos. Si el presupuesto de tu iglesia lo permite, puedes planear una cena para las madres arreglando un salón para el evento.

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Siema UMN

Acerca del autor

SIEMA es un programa patrocinado por la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, bajo los auspicios de la Asociación Ministerial, para enfrentar las necesidades específicas de las esposas de los ministros.

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